Trilogía perfecta: cacha, partido y asado
-Se abre la sesión del Club de la Lengua de Vaca. A la cuenta de tres digan: "Sí, juro". ¿Juráis que lo que se diga entre estas cuatro paredes no saldrá de este lugar?
(Todos).
-¡Sí, juro!
-El acta, por favor, señor secretario.
-Cómo no, señor Presidente. El punto de hoy es: "¿Cuál es la trilogía ideal: cacha, partido y asado; partido, cacha y asado; o partido, asado y cacha?".
-Se concede la palabra.
-Pido la palabra, señor Presidente.
-Hable usted, Julchus.
-Me gustaría saber, estimadísimo señor Presidente, quién propuso el tema.
-¿Que no recibió el mail?
-No, estimadísimo señor Presidente. Es decir sí, pero no lo abrí. Estaba atrasado.
-Limítese a opinar del punto en tabla.
-Es que nos deja mal que una trilogía ideal inscriba esas tres puras opciones, estimadísimo señor Presidente. Denota falta de tacto, gusto, sensibilidad e imaginación en nosotros los hombres.
-¿Se puede saber cuál sería la cuarta o quinta opción para su sensible gusto, señor Julchus?
-Por supuesto, señor Presidente. Por lo menos deberían considerarse las opciones "asado, partido y cacha" y "cacha, asado y partido".
-Fíjese que yo le encuentro toda la razón, a pesar de que el mail planteó claramente las tres actividades y a través de la encuesta electrónica se llegó a este campeonato triangular. Ahora íbamos a votar cuál de las tres opciones es la más mejor, como dijo Leonel Sánchez, pero su sabia intervención abre el debate hasta límites insospechados, ¿nocierto, asamblea?
(Todos).
-¡Cierto del verbo cierto, señor Presidente!
-Bien. Se ofrece la palabra.
-¡Pido la palabra!
-Hable usted, Vega.
-A mi juicioso entender, Gran Califa del Oriente Eterno, la combinación perfecta es partido, asado y cacha. El partido ideal sería tipo una, con día nublado, el asado sería a contar de las tres y la cacha se deja para la noche. ¿Necesito explicar?
-Se lo rogaríamos, señor Vega.
-Se amanece con energías, señor Presidente, energías que se derrochan ante la pantalla, con el fútbol inglés y una cervecita. Luego de haber sudado tanto por la emoción, el cuerpo pide carne. He allí el asado a la chilena, con un Tres medallas puede ser, aunque dicen que hay una oferta muy buena de Casillero en la botillería del Guatón Lucho. Así, repuestas las energías, por la noche ya se estaría en condiciones de echar una cachita con la iñora, aunque sea por cumplir, pues lo mejor del día ya pasó. Ahora, si la cacha fuera con la amante, recomendaría sacarse antes las hilachas de carne de las encías afilando un palo de fósforos y metiéndolo por las junturas, porque si eso no se hace las hilachas pueden quedarse pegadas en los pendejos de la mina y el resultado es una vulgaridad rayana en lo grotesco.
-Señor Vega, su originalidad ha introducido sin querer un nuevo factor en este debate. Todos dábamos por entendido que se trataba de un partido que había que jugar en la cancha, pero usted nos abre todo el abanico de posibilidades que ofrece la señal del cable.
-Así es, señor Presidente. Nunca estuvo en mi mente el partido de barrio. Eso es de ganapanes y maestros de la construcción.
-Señor Presidente.
-Diga usted, Camilito.
-Debo confesarle que yo tengo una pequeña debilidad, un vicio que no he logrado erradicar de mi cuerpo: me gusta echar cacha con los nocturnos como música de fondo.
-¿Con el relato de un partido nocturno, mejor dicho de una reunión doble en el estadio nacional?
-No, señor Presidente. Con los Nocturnos de Chopin.
(Todos).
-¡Ohhh...!
-¿Está seguro de lo que está diciendo, Camilito? Recuerde que en cualquier momento un socio puede ser expulsado del club.
-No sé por qué lo confesé. Debe ser que las recientes palabras me han sumido en una profunda oscuridad mental...
-¡Me dijo negro, señor Presidente!
-¿Vái a seguir? Si no es con vos la cosa.
-Paére, ¿ha escuchado bien? No se refiere a usted.
-Perdón, señor Presidente. Es que oí clarito que me dijo negro.
-Continúe, Camilito.
-Quería decir, antes de que me interrumpiera Shaka Zulu...
-¿Ha escuchado, Ilustrísimo?
-Les ruego a los señores Camilito y Paredes que se retiren de la sala durante cinco minutos a contar de este mismo instante.
(Salen ambos).
-Pido la palabra, señor Presidente.
-Es suya, Periquito.
-¿Ver un partido o jugar un partido?
-Ya se dijo. Es lo mismo.
-Gracias, señor Presidente.
-Pido la palabra.
-Diga usted, Caballo Urzúa.
-Para mí, señor Presidente, la combinación perfecta es cacha, partido y asado. Por las mismas razones que dio Julchus, pero invertidas.
-Invertido.
-Mariconzón.
-Caballo fifí.
-¡No interumpan al socio Urzúa! Siga, por favor, amigo Caballo.
-Esto lo aprendí cuando estuve en El Salvador, señor Presidente. Allí el calor era tan intenso que la gente tenía que culiar en las mañanas porque después no se podía.
-¿Y cómo podían jugar a la pelota después?
-Por eso son tan malos, señor Presidente.
-Nosotros también somos malos y jugamos sin calor.
-Es que nosotros culiamos después de los partidos, señor Presidente. Por eso fallamos. Porque fallamos al partido siguiente. Es una larga cadena.
-¿Dónde estudió el ramo de lógica?
-Con Aristóteles, señor Presidente.
-¿Aristóteles le enseñó?
-No. Lo leí en la Feria del libro.
-Perdón, señor Presidente...
-Diga usted, Sargento.
-¿No escucha?
-¿Escuchar qué?
-Afuera. Están matando a Camilito.
-Dígales que entren.
(Pausa. Entran).
-¡Se ofrece la palabra!
-¡Señor Presidente!
-Diga, Matas.
-A propósito, ya falta poco para el partido.
-¿A propósito de qué?
-Juega Argentina con Holanda, señor Presidente.
-Ah. ¿Tiene algo más que agregar?
-Sí. Mi combinación ideal es partido, cacha y asado. O sea, del placer menor al mayor. Así me gusta.
-Matas dio en el clavo, señor Presidente. Aquí lo que cuenta no es la trilogía, sino saber cuál es el placer mayor. Y para mí no hay placer mayor que el partido.
-¿Qué edad tiene, Saval?
-Preguntas íntimas no, señor Presidente.
-Está bien. Veamos cuál es el placer mayor. Levanten la mano los que votan por el partido. Cuente, secretario, e incorpore en actas.
(Se cuenta).
-Siete... ocho... nueve. Nueve, señor Presidente.
-Por la cacha.
-Cinco, seis... siete. Señor Presidente.
-¿Me contó?
-No, señor Presidente. Entonces son ocho.
-Por el asado.
-Seis... siete... ocho... nueve. Nueve, señor Presidente.
-¿Se contó a usted?
-No, señor Presidente. Entonces son diez.
-Asado, diez votos. Partido, nueve. Cacha, ocho. Estuvo bien peleado. No pensé que fuera tan estrecha la votación.
-Pido la palabra, señor Presidente.
-Hable ahora, Muguita, o calle para siempre.
-Yo creo que el mejor asado es el asado al palo.
-La sal hay que echarla al final.
-Qué sabís vos, Cabezón Pastene. Todo el mundo sabe que hay que echarla vuelta y vuelta.
-¡No! ¡Se echa justo en la mitad!
-¡Hay que rociarlo con pirsen!
-¡Eso ya no se usa!
-Tiene que ser de mesa yodada.
-No, pos gil, sal de cocina.
-Carbón de espino...
-Leña y a fuego lentito... mínimo tres horas a medio metro de distancia.
-Ese es el estilo uruguayo, Yuyul, pero yo prefiero el patagónico: siete horas a dos metros. Hay que tener cuidado con los perros, eso sí.
-A lo vietnamita me gusta a mí.
-Con un tintolio en la mano mientras se asa la carne.
-Asado sudafricano de tira es lo mejor.
-Lomo liso.
-Lomo vetado, Bombero Loco, ¿no sabí que la grasa es la que da el sabor?
-Costillar de chancho.
-Ay hombre.
-Longaniza de Chillán.
-¿Han probado la carne de avestruz?
-Yo prefiero el filete.
-Vos po, pepepato.
-¡A callar todos! ¡Se desordenó la cuestión!
-Señor Presidente... ¿y si hiciéramos un asadito?
-¿Está loco, Yuyul?
-Yo pongo la casa, señor Presidente. La iñora anda con la suegra en Linares.
-Mañana podría ser...
-Yo tampoco puedo hoy, señor Presidente. Tengo reunión de apoderados. Debo reconocerlo hidalgamente.
-¡Eso sería todo! ¡Se levanta la sesión!
